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martes, 4 de septiembre de 2018

El Pueblo de Dios "Bergogliano"




El 31 de Mayo de 2018, Francisco/Bergoglio dirigió una carta titulada “Al Pueblo de Dios que peregrina en Chile”. Sobra decir que el estilo difuso y confuso del texto, propio de un modernista en descampado, está plagado de formas y expresiones totalmente ajenas al estilo claro y bien definido que es propio de la Iglesia. 

Pero, ¿qué es el “Pueblo santo de Dios” para Bergoglio? Al dirigirse al “Pueblo de Dios” ¿se está dirigiendo, inequívocamente, a los miembros de la Iglesia católica? Para encontrar la respuesta hay que remitirse a las fuentes autorizadas de la nueva religión que encabeza Bergoglio, es decir, al “concilio” Vaticano II y al Catecismo de 1983; entonces descubriremos el error de la “nueva eclesiología” impuesta por el “magisterio” modernista.

Es necesario, en primer lugar, exponer los principios superiores, que emanan de esas mismas fuentes y que están en la base de las nuevas enseñanzas. En efecto, el primer principio modernista, fijado por el Vaticano II es: “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre”(Gaudium et Spes, n. 22), principio precisado por Wojtyla de la siguiente manera: “...están incluidos [los hombres]en el gran y único diseño de Dios, en Jesucristo ‘que, en cierto modo, se ha unido con todo hombre’ (GS, n. 22) aún cuando no sea consciente” (Discurso a la Curia Romana sobre el Encuentro de Asís. 22 de diciembre 1986): es decir, toda la humanidad, a pesar del pecado, permanecería unida a Dios; cada persona individual estaría inconscientemente unida a Cristo, sí, ¡cada ser humano! El segundo gran principio de la hoja de ruta modernista con relación a nuestro tema es: “La única Iglesia de Cristo...subsiste en la Iglesia Católica (Lumen Gentium, n. 8), proposición totalmente opuesta a la definición infalible de Pío XII en Mystici Corporis, en la cual Papa Pacelli afirma que la Iglesia de Cristo, el cuerpo Místico de Cristo, “es” (no subsiste en) la Iglesia Católica; luego, lo que subsiste en algo, también podría subsistir en otra cosa, en este caso también en las sectas protestantes o en los cismáticos ortodoxos, por ejemplo. 

La necesidad de esos “nuevos principios eclesiológicos” impuestos por el Vaticano II, lo sabemos, obedece al largamente añorado plan de los modernistas por implantar el “Ecumenismo” como, de hecho, se afirma en Unitatis Redintegratio II. 6: Esta reforma, pues, tiene una extraordinario importancia ecumenista…Muchas de las formas de la vida de la Iglesia…hay que recibirlas como prendas y augurios que felizmente presagian los futuros progresos del ecumenismo”.Y, así, en los textos de ese mismo “concilio” encontramos: 
·      “Así, pues, de todas las gentes de la tierra se compone el Pueblo de Dios, porque de todas recibe sus ciudadanos, que lo son de un reino, por cierto, no terreno, sino celestial”(Lumen Gentium, II. 13)
·      “Todos los hombres son llamados a esta unidad católica del Pueblo de Dios, que prefigura y promueve la paz y a ella pertenecen de varios modos y se ordenan, tanto los fieles católicos como los otros cristianos, e incluso todos los hombres en general...”(Lumen Gentium, II. 13)
·      “Los que todavía no recibieron el Evangelio, están ordenados al Pueblo de Dios por varias razones. En primer lugar, por cierto, aquel pueblo a quien se confiaron las alianzas y las promesas y del que nació Cristo según la carne (cf. Rom., 9,4-5); pueblo, según la elección, amadísimo a causa de los padres; porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables (cf. Rom., 11,28-29). Pero el designio de salvación abarca también a aquellos que reconocen al Creador, entre los cuales están en primer lugar los musulmanes, que confesando profesar la fe de Abraham adoran con nosotros a un solo Dios, misericordiosos, que ha de juzgar a los hombres en el último día. Este mismo Dios tampoco está lejos de otros que entre sombras e imágenes buscan al Dios desconocido...”(Lumen Gentium, II. 16)
·      “Todo esto [bienes con que la Iglesia se edifica y vive],que proviene de Cristo y a El conduce, pertenece por derecho a la única Iglesia de Cristo[que es mayor que la Iglesia católica](Unitatis Redintegratio, I. 3)
·      Creemos que el Señor entregó todos los bienes de la Nueva Alianza a un solo colegio apostólico, a saber, el que preside Pedro, para constituir un solo Cuerpo de Cristo en la tierra, al que tienen que incorporarse totalmente todos los que de alguna manera pertenecen ya al Pueblo de Dios(Unitatis Redintegratio, I. 3)

Por otra parte, el Catecismo de 1992 de Juan Pablo II, enseña:

·   1.2.3.816.- Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en ["subsistit in"] la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él" (Lumen Gentium, n. 8)
·     1.2.3.816.- El decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II explicita: "Solamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es auxilio general de salvación, puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvación. Creemos que el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza a un único colegio apostólico presidido por Pedro, para constituir un solo Cuerpo de Cristo en la tierra, al cual deben incorporarse plenamente los que de algún modo pertenecen ya al Pueblo de Dios" (Unitatis Redintegratio, n. 3)
·    1.2.3.818.- Los que nacen hoy en las comunidades surgidas de tales rupturas "y son instruidos en la fe de Cristo, no pueden ser acusados del pecado de la separación y la Iglesia católica los abraza con respeto y amor fraternos... justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia católica como hermanos en el Señor" (Unitatis Redintegratio, n. 3)
·  1.2.3.832.- Esta Iglesia de Cristo [que es mayor que la Iglesia católica]está verdaderamente presente en todas las legítimas comunidades locales de fieles, unidas a sus pastores. Estas, en el Nuevo Testamento, reciben el nombre de Iglesias... En ellas se reúnen los fieles por el anuncio del Evangelio de Cristo y se celebra el misterio de la Cena del Señor
·      1.2.3.838.- La Iglesia se siente unida por muchas razones con todos los que se honran con el nombre de cristianos a causa del bautismo, aunque no profesan la fe en su integridad o no conserven la unidad de la comunión bajo el sucesor de Pedro" (LG 15). "Los que creen en Cristo y han recibido ritualmente el bautismo están en una cierta comunión, aunque no perfecta, con la Iglesia católica" (Unitatis Redintegratio, n. 3)
·    1.2.3.839.- Los que todavía no han recibido el Evangelio también están ordenados al Pueblo de Dios de diversas maneras (judíos, musulmanes, religiones no cristianas)
·      2.2.1.1267.- El Bautismo incorpora a la Iglesia. De las fuentes bautismales nace el único pueblo de Dios de la Nueva Alianza.
·  2.2.1.1271.-El Bautismo constituye el fundamento de la comunión entre todos los cristianos, e incluso con los que todavía no están en plena comunión con la Iglesia católica: "Los que creen en Cristo y han recibido ritualmente el bautismo están en una cierta comunión, aunque no perfecta, con la Iglesia católica... justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia Católica como hermanos del Señor" (UR 3). "Por consiguiente, el bautismo constituye un vínculo sacramental de unidad, vigente entre los que han sido regenerados por él" (Unitatis Redintegratio, n. 22)

Además, en el Código de Derecho Canónico de 1983 de Wojtyla, leemos:

·      2   2, 1, 204
o  § 1. Son fieles cristianos quienes, incorporados a Cristo por el bautismo, se integran en el pueblo de Dios, y hechos partícipes a su modo por esta razón de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el mundo.
o  § 2.   Esta Iglesia, constituida y ordenada como sociedad en este mundo, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él.

·      2,  2,  383 
o  § 3.    [El Obispo] debe mostrarse humano y caritativo con los hermanos que no estén en comunión plena con la Iglesia católica, fomentando también el ecumenismotal y como lo entiende la Iglesia.


     Volvemos a preguntar, entonces, ¿Qué es el “Pueblo santo de Dios” para Bergoglio? Cuando él se dirige al “Pueblo de Dios” ¿se está dirigiendo acaso a los miembros de la Iglesia católica?

     Para responder a la luz de la doctrina impuesta por el “magisterio” conciliar, y post-conciliar, que acabamos de señalar más arriba, bastaría con decir que Bergoglio no sólo no ha rechazado el Concilio Vaticano II, sino que, además, al igual que todos sus predecesores, a partir de Pablo VI, lo aplica fielmente en sus actos y palabras; esto, por sí sólo ya sería suficiente para demostrar que Bergoglio se aparta absolutamente de la Fe católica en su concepción sobre la Iglesia, único Pueblo santo de Dios; sin embargo, al respecto, podemos adjuntar algunas de sus propias  declaraciones; por ejemplo:
·      7 DE MARZO DE 2015
Al conmemorar el 50º aniversario de la primera vez que un Papa celebró la Misa en lengua vernácula después del Concilio Vaticano II, el Papa Francisco dijo: "No se puede volver atrás...Fue realmente un movimiento valiente de la iglesia para acercarse al pueblo de Dios...".   (REPORTERO CATÓLICO NACIONAL)
·      18 DE NOVIEMBRE DE 2016
Cuando se le preguntó acerca de los críticos que acusan al Papa de "Protestantizar" la Iglesia Católica, Francis dijo: 'No pierdo el sueño por ello'. Insistió en que sigue el modelo del Concilio Vaticano II...(LA STAMPA/NATIONAL CATHOLIC REPORTER/AVVENIRE)
·      24 DE AGOSTO DE 2017
El Papa Francisco dice con autoridad magisterial: La reforma litúrgica del Vaticano II es irreversible'(REVISTA AMÉRICA)
·      9 DE OCTUBRE DE 2017
El derecho canónico debe servir a la visión de la Iglesia del Vaticano II, dice el Papa - En un mensaje a una conferencia de derecho canónico en Roma, el Papa Francisco dijo que el derecho canónico puede y debe ser un instrumento para implementar la visión del Concilio Vaticano II. Dijo que debería promover "la colegialidad; la sinodalidad en el gobierno de la iglesia; la valoración de las iglesias particulares; la responsabilidad de todos los fieles cristianos en la misión de la iglesia; el ecumenismo; la misericordia y la cercanía como principio pastoral primario; la libertad religiosa individual, colectiva e institucional; un secularismo saludable y positivo; (y) una colaboración saludable entre la iglesia y la sociedad civil en sus diversas expresiones". (CRUX)

 Luego, está claro que también Bergoglio aplica a ultranza el espíritu y la letra del “concilio” Vaticano II a la Iglesia. Y ¿por qué es importante insistir en esto? Pues, porque, como lo he señalado en otras ocasiones, el “concilio” Vaticano II significó, y significa” un cambio substancial para la Iglesia católica; inauguró y definió otra religión, otra “iglesia”, por lo tanto, otra “fe”, otra naturaleza, otro culto y liturgia, otra legislación, otros sacramentos, otro “sacerdocio”, otro fin.

     Ahora bien, en cuanto al “Pueblo de Dios”, a la luz de los testimonios de las propias fuentes del “magisterio” modernista citados más arriba, hay que decir que, ni para el “concilio”, ni para el Código de Derecho Canónico de 1983, ni para el Catecismo de 1992, ni para los “papas conciliares” predecesores de Bergoglio, ni para Bergoglio, el Pueblo de Dios coincide exactamente con los miembros de la Iglesia católica, Cuerpo Místico de Cristo, la sola Iglesia por Él fundada, como enseña la doctrina católica bimilenaria. Y, así, citemos, como ilustración, una vez más, las propias palabras de Bergoglio, por ejemplo:

·      9 DE JULIO DE 2014
En un almuerzo privado, el Papa Francis le dijo a Brian Stiller de la Alianza Evangélica Mundial: “No estoy interesado en convertir a los evangélicos al catolicismo...”  (ALIANZA EVANGÉLICA MUNDIAL)
·      16 DE NOVIEMBRE DE 2015
En una emotiva visita ecuménica a la iglesia evangélica luterana de Roma el pontífice manifestó: ¿No tenemos el mismo Bautismo? Y si tenemos el mismo bautismo, debemos caminar juntos. (REPORTERO CATÓLICO NACIONAL)
·      30 DE NOVIEMBRE DE 2015
Uno de los valores más grandes es la fraternidad entre nosotros. Todos somos hijos de Dios.Tenemos el mismo padre.
·      7 DE ENERO DE 2016
En el primer video de oración, el Papa Francisco dice: 'Muchos piensan diferente, sienten diferente, buscan a Dios o se encuentran con Dios de diferentes maneras. En esta multitud, en esta gama de religiones, sólo hay una certeza que tenemos para todos: todos somos hijos de Dios". (AGENCIA DE NOTICIAS CATÓLICA)
·      18 DE ENERO DE 2016
El Papa Francisco saluda a la delegación ecuménica - dijo el Papa Francisco a la Delegación Luterana de Finlandia -'De manera especial, podemos agradecer al Señor por los frutos del diálogo entre luteranos y católicos. Pienso en particular en el documento común sobre la justificación en la vida de la Iglesia.Construyendo sobre estos cimientos, vuestro diálogo está haciendo progresos prometedores hacia una comprensión compartida, a nivel sacramental, de la Iglesia, la Eucaristía y el Ministerio".  (NOTICIAS.VA)
·      1 DE OCTUBRE DE 2016
El Papa Francisco dijo: 'Hay un pecado muy grave contra el ecumenismo: el proselitismo'[léase: conversión]
·      13 DE OCTUBRE DE 2016
El Papa Francisco también dijo al grupo [de luteranos alemanes] que el proselitismo era una amenaza potencial para la unidad cristiana, diciendo: 'Lo último que deben hacer, es decir, convencer'. No está bien convencer a alguien de tu fe. El proselitismo es el veneno más fuerte contra el camino del ecumenismo".(VATICAN/AP PHOTO/ROME REPORTS/ANSA)
·      31 DE OCTUBRE DE 2016
El Papa Francisco y el Obispo Mounib Younan, Presidente de la Federación Luterana Mundial firmaron una Declaración Conjunta el 31 de octubre de 2016 en la que católicos y luteranos se comprometieron a continuar su diálogo a fin de eliminar los obstáculos que les impiden alcanzar la plena unidad: “...Debemos reconocer con la misma honestidad y amor que nuestra división nos distanció de la intuición primordial del pueblo de Dios, que naturalmente anhela ser uno...”
·      2 DE MAYO DE 2017
El Papa Francisco ha invitado a miles de carismáticos católicos y miembros de iglesias pentecostales y evangélicas a Roma para celebrar Pentecostés. (SERVICIO CATÓLICO DE NOTICIAS)
·      19 DE OCTUBRE DE 2017
El Papa Francisco elogia a Juan Wesley (Fundador de los Metodistas) - El Papa Francisco dijo que su ejemplo convirtió a mucha gente a Dios. No podemos dejar de regocijarnos' cuando el Espíritu Santo obra a través de otras denominaciones cristianas, añ adió el Papa, ya que también nos ayudan a acercarnos más al Señor. Sin embargo, concluyó diciendo que no podemos crecer en santidad sin "crecer en comunión".
·     15 DE ABRIL DE 2018
Hablando con los niños que asisten al catecismo de San Paolo della Croce, el Papa Francisco dijo: "Todos somos hijos de Dios, todos, incluso los no bautizados, sí, incluso los que creen en otras religiones, o los que tienen ídolos...” (LA STAMPA)
·      24 DE MAYO DE 2015: 
    "Tengo ganas de decir algo que puede sonar controvertido, o incluso herético, tal vez. Pero hay alguien que "sabe" que, a pesar de nuestras diferencias, somos uno. Es él quien nos persigue. Es él quien persigue a los cristianos hoy, él quien nos unge con (la sangre del) martirio. Sabe que los cristianos son discípulos de Cristo: ¡que son uno, que son hermanos! No le importa si son evangélicos, ortodoxos, luteranos, católicos o apostólicos... ¡no le importa! Son cristianos".  (MENSAJE DE RADIO VATICANO)

Conclusión.

     El Concilio Vaticano II (1962-1965) fue concebido con un único fin: consagrar el ecumenismo, es decir, eliminar el dogma católico para tender a una única religión mundial. Ya Dom Beauduin (1873-1960), un benedictino modernista maniático del “ecumenismo”, antes del “concilio”, había declarado. “De lo que tenemos necesidad es un Papa que convoque un Concilio y consagre el ecumenismo”.Y también fue él que desarrolló la distinción entre Cuerpo Místico de Cristo e Iglesia Católica Romana, siendo la primera la Iglesia General de Cristo, más amplia que la Católica, es decir, es el concepto doctrinal de la nueva eclesiología del Concilio Vaticano II (Lumen Gentium) que más arriba hemos mencionado, y tan querido por Juan Pablo II: mediante su encarnación Cristo se ha unido con todos los hombres, por lo tanto, todos los hombres son miembros del Cuerpo Místico. En este sistema, que es, como hemos visto, el sistema de Bergoglio, el rol de la Iglesia no es el de buscar la conversión de las personas, de tal forma que renuncien a sus errores y abracen la verdad en el catolicismo (acto repugnante para el modernista Bergoglio, crimen atroz llamado por él “proselitismo”), sino el de hacerlas conscientes de su irrenunciable incorporación a este gran Cuerpo Místico humanitarístico universal, del cual la Iglesia católica, en realidad el único y verdadero Pueblo de Dios, no es sino sólo una parte. 

Luego, antes del “concilio Vaticano II”, ningún no-católico era considerado un fiel de Cristo, porque quien se separa de la Iglesia está separado de Cristo. Este dogma católico no es verdad para Bergoglio, para quien, el “Pueblo de Dios” es, simplicitertoda la humanidad que, lo sepa o no, está unida a Cristo en virtud de la encarnación del Verbo.

sábado, 17 de octubre de 2015

El "Sensus fidei" ecuménico

     Si revisamos las publicaciones y documentos emanados de los ocupantes actuales de la Santa Sede, así como aquellos publicados por lo órganos oficiales de la Curia Vaticana, constatamos el mismo estilo redaccional que caracterizó a los documentos promulgados por el “concilio” Vaticano II; es decir, intencionadamente ambiguos y del todo contrastantes con la claridad y precisión del Magisterio pre-conciliar. Los innovadores, por medio de un lenguaje enrevesado y lleno de términos y giros lingüísticos extraños a las sólidas y nítidas formas magisteriales de la tradición católica, buscó primero escapar a las reprobaciones de San Pío X, eminentísimo defensor de la ortodoxia católica contra los desvaríos modernistas, y luego, al amparo y fomento de Roncalli, desplegaron libremente aquellas formas expresivas ambivalentes, difíciles de interpretar por su equivocidad, con el fin de servir a los errores desatados bajo la égida del conciliábulo vaticano. Por otro lado, no hay discurso, entrevista, artículo, predicación, encíclica, exhortación, audiencia, carta, alocución, etc., que, sin cejar en ofensas a Dios Trino, a Jesucristo, a la Bienaventurada Virgen María, a la Iglesia, a los legítimos sucesores de Pedro, a la Fe Católica, no conduzcan hacia aberraciones doctrinales al servicio del “dogma ecuménico” y de los públicos escándalos litúrgicos y religiosos inter-confesionales. San Pío X, Papa nuestro de feliz memoria, con su corazón deshecho por profundísimo y amargo dolor al prever que la Barca de Pedro sería asaltada, violentada y apropiada por servidores del Anticristo, anticipó en su Magisterio el pútrido zaguán en el que, hoy por hoy, navegan los invasores mancillando nuestra santa religión; anticipó Papa Sarto: “ninguno se maravillará si lo definimos [al Modernismo] afirmando que es un conjunto de todas las herejías. Pues, en verdad, si alguien se hubiera propuesto reunir en uno el jugo y como la esencia de cuantos errores existieron contra la fe, nunca podría obtenerlo más perfectamente de lo que han hecho los modernistas. Pero han ido tan lejos que no sólo han destruido la religión católica, sino, como ya hemos indicado, absolutamente toda religión.” (S. S. San Pío X, Encíclica “Pascendi”, N° 38). Y autores fieles a la pureza de la Fe, como el R. P. Leonardo Castellani, han advertido para enseñanza e instrucción de los católicos: “Los modernistas no niegan la letra de ninguno de los dogmas…,pero lo vacían todo dándoles un significado humano; son como signos de la grandeza del hombre, de la divinidad del hombre, es decir, una tentación de humanizarlo todo, que fue la tentación más grande en toda la vida de la Iglesia y que será también la gran herejía del Anticristo, que va a implantar la adoración del hombre, de las obras del hombre y se va a hacer adorar él mismo como Dios, según está revelado por San Pablo.” (“Catecismo para adultos”, casi contemporáneo contra-discurso de Montini quien, oficialmente el Martes 7 de diciembre de 1965, inauguró la "religión del hombre" al clausurar el conciliábulo Vaticano II) ).
     En la Edición del 20 de Junio de 2014 de L’Osservatore Romano se lee una columna titulada “El sentido de la Fe. En un documento de la Comisión Teológica Internacional” (BAC, Madrid, 2014), firmado por Serge-Thomas Bonino, Dominicano, secretario general de la CTI. En realidad, este breve inserto tiene la finalidad de presentar un reciente documento publicado por la misma Comisión bajo el título “Le sensus fidei dans la vie de l’Église” (El sentido de la fe en la vida de la Iglesia), de ahora en adelante SF, texto sólo en francés y en inglés. Hay que recordar que, de cara a la pureza de la fe católica, toda obra u opúsculo emanado de fuentes post-conciliares debe ser recibido con gran precaución, toda vez que «jamás han faltado, suscitados por el enemigo del género humano, “hombres de lenguaje pervertido (Hch 20, 30) de vanos discursos y seductores que yerran y que inducen al error”(Tit 1, 10)». En su presentación del documento de la CTI, en L’Osservatore Romano, Bonino comienza (no podía ser de otro modo) citando al Sr. Bergoglio cuando, el 4 de Octubre de 2013 en Asís (cuyo excelsa tradición católica franciscana jamás será siquiera mínimamente empañada por las abominables y escandalosas reuniones “interreligiosas” ecuménicas iniciadas por Wojtyla) éste dijo que «[El pueblo] tiene “olfato” para encontrar nuevas vías para el camino, tiene el sensus fidei, que dicen los teólogos (innovadores, n.d.a]». Y Bonino continúa destacando que «el Pontífice (sic) ama referirse a este instinto sobrenatural [innovador él mismo, n.d.a.] que posee el pueblo de Dios [muy querida expresión vaticano-segundista].
     En el n.2 de la Introducción de SF, la CTI define el sentido de la fe como «Este instinto sobrenatural, intrínsecamente unido con el don de la fe recibido en la comunión de la Iglesia, se llama sensus fidei, y le permite a los cristianos cumplir a cabalidad su vocación profética».
     De modo que, según la doctrina de la religión neomodernista, el “sentido de la fe” sería un “olfato”, un “instinto sobrenatural”. En el n. 49, SF dice que «El sentido de la fe del creyente es una especie de instinto espiritual…se deriva de la fe constituyendo una propiedad de ésta. Se compara a un instinto, porque en primer lugar no es el resultado de una deliberación racional, sino que toma más bien la forma de un conocimiento espontáneo y natural, una especie de percepción». El n. 53 continúa: «el sentido de la fe es la forma que reviste este instinto». En el n. 54 leemos: «Como lo indica su nombre “sentido”, [el sensus fidei] se asemeja más bien a una reacción natural, inmediata y espontánea, comparable a “un instinto vital” o a una especie de “olfato” por la cual el creyente adhiere espontáneamente lo que es conforme a la verdad de la fe y evita lo que se le opone».
    Cada vez que tomamos conocimiento de algún documento innovador-postmodernista-ecuménico-naturalista de la nueva religión, debemos tener presente, en medio de la anfractuosidad y esoterismo de sus formas que, indefectiblemente, estará involucrada la nueva eclesiología, la nueva liturgia, la nueva disciplina y la nueva doctrina; pues el arte de la destrucción está en la celada. Bueno, así ocurre también con este “just born” de la CTI.
    Dice SF que el “sentido de la fe” se deriva de la fe y constituye de ésta una propiedad, siendo la fe una disposición interior suscitada por el amor (n. 56). Pero, para la religión ecuménica anticatólica ¿Qué es la fe? Pues, al igual que el carácter subjetivo-psicológico del “sensus fidei”, dicen de la fe que “…siendo Dios el objeto de la religión, síguese de lo expuesto que la fe, principio y fundamento de toda religión, reside en un sentimiento íntimo engendrado por la indigencia de lo divino” (Pascendi n.5), además “En el sentimiento religioso se descubre una cierta intuición del corazónmerced a la cual, y sin necesidad de medio alguno, alcanza el hombre la realidad de Dios, y tal persuasión de la existencia de Dios y de su acción, dentro y fuera del ser humano, que supera con mucho a toda persuasión científica. Lo cual es una verdadera experiencia, y superior a cualquiera otra racional” (Pascendi n. 13), y más aún “…en ese sentimiento los modernistas, no sólo encuentran la fe, sino que con la fe y en la misma fe, según ellos la entienden, afirman que se verifica la revelación” (Pascendi n. 6).
     Para la nueva anti-iglesia, que se dice católica, en el plano de la fe, algunos términos son muy queridos, tales como “vital”, “experiencia”, “sentido”, “sentimiento”, “amor”, “corazón”, “misterio”. Son todos términos que caen muy bien al perfil del hombre moderno, cincelado por la Escuela de Franckfurt y por el nihilismo estructuralista francés (no en vano Wojtyla fue proclamado “por el pueblo de Dios” “santo súbito”). Es en esta concepción naturalista de la fe – naturalista porque oblitera la realidad sobrenatural de la fe , toda vez que repudia la teología natural y cierra, en consecuencia, todo acceso a la revelación al desechar los motivos de credibilidad y, más aún, suprime por completo toda revelación externa (cfr. Pascendi n.5) – que la CTI intenta insertar el neotérico “sensus fidei”, este “instinto sobrenatural de la fe…suscitado por el amor…esta especie de olfato…de percepción…este instinto vital…este conocimiento del corazón. Uno de los argumentos de apoyo que esgrimen es “la connaturalidad que la virtud de la fe establece entre el creyente y el auténtico objeto de la fe” objeto que, como habíamos visto, no consiste en las verdades reveladas, sino en la misma naturaleza de Dios, en la misma “res divina” (de otro modo éste no podría ser “connatural”, a saber y sin más, la deificación del hombre). Es el mismo SF que se encarga de declarar que gracias a este divagado “sentido de la fe”, que tiene la forma de una segunda naturaleza (divinizada), el creyente (no sólo católico), reacciona espontáneamente (cfr. SF n.53) de manera infalible en lo que concierne a su objeto, es decir en lo que concierne a Dios mismo, percibido inmediatamente en su naturaleza divina misma en virtud del sentimiento vital de la fe.
     Es la misma CTI que, forzando a ciertos autores como Melchor Cano, J. H. Newman, y violentando las Escrituras, se apuran en declarar que la expresión “sensus fidei” no se encuentra ni en las Escrituras ni en la enseñanza formal de la Iglesia anterior al Vaticano II (cfr. SF n.7) ¡Lógico! No podía ser de otro modo, dado que la fe católica es objetiva y sobrenatural, en oposición al carácter subjetivo y naturalista de la nueva religión; a mayor abundamiento, la CTI intenta hacer pie en la historia diciendo que «El concepto de “sensus fidelium” comenzó a ser elaborado y utilizado de modo más sistemático al momento de la (pseudo) Reforma [protestante, ¡todo concurre! n.d.r.]». Sabemos la adoración ecuménica que la iglesia oficial profesa al protestantismo, del cual, entre otra cosas, ha adoptado novedades como “teología del laicado”, “pueblo de Dios”, “sacerdocio común”, “común oficio profético”, etc.; todo orientado hacia el concepto de “comunidad” y “fraternidad”, así como de debilitamiento del concepto de autoridad, primado y magisterio.
     Por mucho que se nos quiera retrotraer a las crisis arriana y nestoriana, la Iglesia nunca necesitó de un “instinto” u “olfato” sobrenaturales con relación a su indefectibilidad y ortodoxia. Por primera vez encontramos el “sensus fidei” en los documentos del vaticano II; especialmente en Lumen Gentium ns. 12 y 35, asociado al antedicho “común oficio profético” en el contexto de una iglesia “igualitaria y democrática” que tiende a eliminar los aspectos de “Ecclesia docens” (Iglesia que enseña) y “Ecclesia discens” (Iglesia que es enseñada); es decir, para el Vaticano II, fuente desde la cual se precipita toda la riada de extrañezas, nadie tiene nada que aprender, nadie debe enseñar, nadie debe corregir, nadie debe guiar; es suficiente con que cada uno, habiendo experimentado vitalmente el sentimiento religioso – que es a su vez la revelación y lo revelado, Dios mismo – se integre con su conciencia subjetiva individual a la conciencia colectiva comunitaria, que sería la Iglesia; si no estamos en la iglesia del libre examen de Lutero, ¿entonces qué?
     Llegados a este punto, bueno es recordar la doctrina católica para no extraviarse. 1) La fe es una virtud sobrenatural por la que, con la inspiración y la ayuda de la gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que por Él ha sido revelado, no por la intrínseca verdad de las cosas percibidas por la luz natural de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que revela, el cual no puede engañarse ni engañarnos (D. 1789). Vemos que la fe no es un indefinido y vago “sentimiento” o “experiencia vital”; es definitivamente objetiva, ya que se trata de verdades (lo que Dios ha revelado), no de lo que el hombre siente en el corazón ni mucho menos. Es el llamado objeto material de la virtud teologal de la Fe, constituido por todo el conjunto de verdades divinamente reveladas. Además no es un fenómeno natural, que brota de una cierta indigencia psicológica; ¡absolutamente no! es una virtud sobrenatural, infusa por Dios en nuestra alma, por lo que es imposible adquirirla con las solas fuerzas naturales. No tiene como sujeto el sentimiento o el corazón, sino el entendimiento, ya que las verdades se aprehenden por el intelecto, por la razón. 2) El objeto material de la Fe definido infaliblemente por el Concilio Vaticano I (en realidad debiéramos decir sólo Concilio Vaticano, puesto que no hay otro con aquél nombre) dice: “Hay que creer con fe divina y católica todo lo que se contiene en la palabra de Dios escrita o transmitida por la Tradición y que la Iglesia por definición solemne o por su Magisterio ordinario y universal propone como divinamente revelado” (D. 1792). De modo que la divina revelación (verdades objetivas, no subjetivos sentimientos) posee dos fuentes, la Sagrada Escritura y la Tradición Católica.
     Y avanzando un poco más en este trabajo “pseudo-teológico” de la Comisión, llegamos a su punto más alto, a su broche de oro y a su verdadero puerto de llegada: Su valor ecuménico. El “santo ecuménico” Wojtyla dijo: “Con el Concilio Vaticano II la Iglesia católica se ha comprometido de modo irreversible a recorrer el camino de la acción ecuménica” (Encíclica Ut unum sint n. 3, 1995). Y así, en el trabajo SF de la Comisión leemos en el n. 56 «una cierta forma de sensus fidei puede existir entre los bautizados que llevan el bello nombre de cristianos sin profesar, sin embargo, integralmente la fe” (Lumen Gentium 15) Ahora, quien no profese integralmente la fe, negando tan sólo una o algunas de las verdades reveladas, NO POSEE LA FE. La razón está en que, con su opinión personal, éste se pone por encima de Dios que revela y niega el motivo formal por el cual creemos, a saber, la autoridad de Dios que no puede engañarse ni engañarnos; y así, ya no cree por la autoridad de Dios sino por su propia disquisición y opinión humana, eligiendo qué creer y qué no creer, por lo tanto NO llevan el bello nombre de cristianos. Y continúa el n. 56 “La Iglesia católica debe pues estar atenta a lo que el Espíritu puede decirle por medio de creyentes de iglesias y comunidades eclesiales que no están plenamente en comunión con ella”. Lástima que, si no están en comunión con Pedro, cabeza y regla próxima suprema de la fe, potestad exclusiva conferida directamente por Cristo (cfr., Mt 16, 18s), el Espíritu, alma de la Iglesia, nada tiene que decirle por intermedio de ellas. Por ahora es suficiente con relación al “ecumenismo”; por sí sólo es un tema que reclama un espacio propio. En todo caso, y anticipándonos, podemos constatar que el ecumenismo surge como consecuencia del nuevo concepto de revelación adoptado por la nueva iglesia.
     En otro aspecto de este reciente trabajo de la CTI, se establece que «El sensus fidei está estrechamente unido a la “infallibilitas in credendo” que posee la Iglesia en su conjunto…permite a sus miembros ejercer el discernimiento que deben realizar sin cesar… a fin de saber cuál sea la mejor manera de vivir, actuar y hablar en fidelidad al Señor” (n.128) Y también «El sensus fidei permite a cada creyente percibir una desarmonía, una incoherencia o una contradicción entre una enseñanza o una práctica y la fe cristiana auténtica” (n.62) Aún más «El sensus fidei del creyente es infalible en sí mismo en lo que concierne a su objeto, la verdadera fe». Para sostener estas proposiciones la CTI trae en su ayuda un argumento por analogía diciendo que «A causa de su relación inmediata a su objeto, un instinto no puede equivocarse. Éste es infalible de suyo». Ya habíamos visto que, según la nueva “teología”, el sensus fidei se compara a un instinto, es una suerte de “instinto espiritual” (sic), una reacción natural, inmediata y espontánea, análoga a un instinto vital o a una especie de olfato (cfr., n. 54). Ahora, en la teología de la perfección cristiana, lo más cercano a esta tesis modernista son las mociones del alma en gracia a impulso del Espíritu Santo por medio de las virtudes y dones sobrenaturales. El creyente, instruido en las verdades de la fe, reacciona sí ante el error doctrinal (por Ej., resistieron a Nestorio cuando éste, siendo obispo, cayó en la herejía y predicaba que María sólo era la madre de Cristo, pero no de Dios), reacciona sí, pero no por una especie de “instinto”, sino por encontrar contradicción entre la fe apostólica y el error; para lo cual se necesita, no una especie de “olfato” o “instinto vital”, sino una virtud específica, la virtud sobrenatural de la Fe, que es un juicio del entendimiento movido por Dios, facultad del alma cuyo objeto propio es la verdad. Por otro lado los “teólogos” de la CTI argumentan, en favor de la infalibilidad del sensus fidei, que éste no puede fallar porque «todos los miembros [de la Iglesia] han recibido la unción del Espíritu de verdad» (n. 76) y «todo bautizado, en virtud de la unción divina, tiene la capacidad de discernir la verdad en materia de fe», citando 1Jn 2, 20.27 (cfr., n. 85). Aquí asistimos a una grande ambigüedad, sería necesario especificar que, siendo el bautismo el sacramento de la verdad que da la vida eterna, que es la verdadera Fe, sólo reciben, por medio del bautismo válido, el Espíritu de verdad quienes profesan la única y verdadera Fe, no cualquier bautizado perteneciente a cualquier "iglesia"; pero este es el modo de hablar modernista. Por lo demás, sabemos que en la doctrina modernista la validez del Bautismo, por el que el creyente se hace miembro de la Iglesia, es extensible a todas las “comunidades eclesiales” e “iglesias” no católicas pues, para los modernistas, la “Iglesia de Cristo” no es la iglesia católica, sino una cierta  iglesia futura, más amplia que la Santa Iglesia católica, Cuerpo Místico de Cristo, la cual tan sólo "subsistit in", estaría tan sólo contenida en aquella imaginaria "iglesia" de carácter ecuménico (cfr. Lumen Pentium n. 8).
     Si el “sensus fidei ecuménico” es infalible in credendo, en virtud de una no bien explicitada “unción del Espíritu de verdad”, ¿Cómo se explica que actualmente un indefinido “pueblo de Dios” (millones de millones) siga masivamente  una fe que no es nuestra Fe católica? ¿Cómo explicar que tan grandísimo número de creyentes no sean capaces de utilizar el infalible “olfato bergogliano”, aquel infalible “instinto espiritual” para discernir entre la Fe católica y la “fe” de Juan XXIII, de Pablo VI, de Juan Pablo I, de Juan Pablo II (hasta ahora entre ellos el más destructor de la Iglesia), de Benedicto XVI y de Francisco? ¿Cómo explicar que la mayoría se deja mistificar por el fenómeno religioso más mortífero de la historia de la Iglesia, considerado por San Pío X la suma total de todas las herejías, siendo la devastación y perdición casi total del pueblo fiel, sumido en la total apostasía de la mano de los actuales meros ocupantes materiales de las sedes en la Iglesia? Es un misterio, permitido por Dios, una prueba en medio de la actual miseria y perfidia del mundo, para que brille el testimonio de los que resisten firmes en la Fe, como fiel soldado de Cristo, sostenidos por María, vencedora de todas las herejías, para gloria de Dios.

 ORA PRO NOBIS, SANCTA DEI GENETRIX, DUM VERUM PAPAM SPERAMUS!