domingo, 25 de octubre de 2015

¿Te Deum, aut potius Kyrie Eleison?

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     Hay que decir que el Te Deum, en plenitud, es un himno propiamente católico,  éste excelso himno data del siglo IV en la liturgia de la Iglesia, vinculado a San Ambrosio, a San Agustín y a Nicetas de Remesiana, mártir. En su quinta estrofa proclama "Te per orbem terrarum Sancta confitetur Ecclesia.." Es decir es la Ecclesia Una, Sancta, Catholica, Apostolica et Romana la que proclama a Dios por todo el orbe de la tierra, y no otra "iglesia" o denominación cualquiera.
     Son pocas las naciones que, como Chile, celebran un Te Deum con motivo de sus fiestas nacionales. En el caso de nuestra Patria, esta tradición se remonta hasta los mismos albores de nuestra vida independiente, celebrándose, también, con motivo de la asunción del mando por un nuevo presidente.
     Dejando los aspectos históricos ¿qué más podemos agregar? Pues, que en el estado actual de las cosas, mucho. De partida, es un abuso adjudicar, asimilar, homologar o analogar, en forma impropia y genérica, cualquier "acción de gracias" de cualquier "iglesia" al único y verdadero Te Deum católico. Hay que decir, por lo demás, que este himno no es, en estricto rigor, un himno de acción de gracias, sino de alabanza.
     Ahora bien ¿tenemos en Chile un Te Deum? La respuesta es NO, y ¿desde cuándo no lo tenemos? Pues a partir del primer Te Deum celebrado con la "misa una cum famulo tuo Papa Nostro Paulo VI" celebrado en Chile según el Novus Ordo Missae promulgado por Montini. Ya nos hemos referido, en este mismo Blog (cfr., el post ¿Por qué la Sede está vacante? 5-3-2014) a las razones que invalidan la "nueva misa" tanto en sí misma considerada como en su específico aspecto de ser celebrada en unión con ("una cum") los pontífices de la iglesia ecuménica-conciliar; tan sólo recordemos que esta "misa" está hipotecada por los delitos de "sacrilegio" y "cisma", ya que estos pontífices han impedido la recepción de la Autoridad de Cristo y no son los legítimos Papas de la Iglesia.
     Pero hay más. San Pablo dice "Sine fide autem inpossibile placere credere enim oportet accedentem ad Deum" (Hb 11,6) es decir, sin la fe es imposible agradar a Dios, de modo que aquel que se acerca a Dios debe creer. Luego, todo acto privado o público dirigido a Dios (excepto el infiel que es movido a la Fe por la gracia excitante del mismo Dios) exige la Fe. Y aquí ya estamos en serios problemas. Vemos, así, que un verdadero Te Deum, capaz de llegar hasta el cielo y ser agradable a Dios, necesita "sine qua non" ser celebrado en La Fe y por la sola Iglesia por Él fundada.
     En nuestro Chile, hoy por hoy, se celebran, con motivo de las Fiestas Patrias, dos "Te Deum": Desde 1975 el llamado Te Deum "Evangélico", por disposición de Augusto Pinochet, denominado propiamente "Servicio de Acción de Gracias" y, desde 1971, el Te Deum "Ecuménico", a solicitud de Salvador Allende con el beneplácito del "cardenal" "Novus Ordo" Raúl Silva Henríquez, cuya denominación oficial actualmente es "Oración ecuménica por Chile y su nuevo gobierno". Así están las cosas. Observamos que NO se habla ya, oficialmente de Te Deum. Esto acontece porque los adherentes a la iglesia evangélica están conscientes de no ser católicos y, por su parte, tanto la jerarquía como los fieles de la iglesia conciliar, también están conscientes de no pertenecer ya a la Iglesia Católica; así que ambos celebran otro rito, al que abusivamente y mediáticamente se le da impropiamente el nombre  de "Te Deum".
     Ninguna de estas dos "iglesias" ya nombradas tienen la capacidad de elevar a Dios cualquiera de sus ritos, ya que ninguna de ellas es el Cuerpo Místico de Cristo, ninguna de ellas es la sola Iglesia fundada por el mismo Cristo. Ambas son delirantes inventos humanos, creadas por la sola sugestión humana: una, inicialmente, por Lutero y los "reformadores", la otra por la "jerarquía" modernista. Una, data del siglo XVI, la otra desde 1965, a partir de la promulgación del último documento del concilio Vaticano II. Ambas, condenadas por la Iglesia (Lutero condenado por León X, y la iglesia conciliar fue condenada "en advance" por Pío XI con su Encíclica "Mortalium Animos"). Carecen de la Fe; en efecto, éstas sostienen que no es necesario creer en todo lo que Dios ha revelado, y sostienen, además, que la fe es tan sólo una confianza o un sentimiento personal del corazón: por ej., para la iglesia inaugurada por Lutero y sus denominaciones, la Misa no es un verdadero sacrificio y, entre otras herejías, niegan la transubstanciación de la hostia consagrada en el Cuerpo y Sangre de Cristo, niegan, así, la Presencia Real; a su vez, para la iglesia conciliar-ecuménica, entre otras herejías, niegan que la Iglesia Católica, fundada por Cristo sobre Pedro, sea la Iglesia de Cristo con sus notas visibles (Una, Santa, Católica, Apostólica) sino que ella está compuesta por múltiples iglesias, las cuales, algún día, formarán la "iglesia de Cristo". Sabemos que quien dice "yo decido creer en esto, pero no en aquello", ipso facto pierde TODA la Fe sobrenatural, reemplazando la autoridad de Dios que revela por una mera opinión humana; es como decir a Dios "mira, voy a creer sólo en esto y en esto, pero dejaré lo otro (p.ej., el Primado de Pedro) pues creo que te equivocas y me engañas".
     Luego, ya podemos advertir que nuestra hermosa Patria Chilena no puede, en el estado actual de las cosas, elevar públicamente a Dios  el incienso puro y aromático de la Liturgia agradable al cielo, porque las "liturgias" Evangélicas y Ecuménico-conciliares son simples celebraciones naturalísticas, que en el ámbito naturalista y humanista se quedan; no sólo no glorifican a Dios, sino, además, son aborrecidas por Dios. Sus iglesias son meras organizaciones sociales.
     Por lo demás, me pregunto, ¿qué debiera Chile agradecer a la Santísima Trinidad? ¿Acaso una presencia cada vez más arraigada de Cristo Rey en sus instituciones, leyes, escuelas y hogares? Absolutamente NO; por el contrario, escuchamos sin cesar el eco de aquella grotesca imprecación del  pueblo judío, azuzado por los jefes del Sanedrín y los Ancianos "¡No queremos que éste reine sobre nosotros!". ¿Qué acto de acción de gracias puede Chile elevar a Dios hoy en poder del más desordenado y galopante liberalismo que postula la absoluta soberanía del individuo y de la sociedad, con entera independencia de Dios y de su autoridad - por lo demás, también condenado por la Iglesia (Pío IX, en numerosos Breves, Alocuciones y, finalmente, en el Syllabus) ¿Qué podemos, digo, agradecer a Dios públicamente cuando profesamos una total apostasía y, como nación, apostatamos abiertamente la Fe?
     Atrás quedaron las recientes Fiestas Patrias, con sus solemnes e impotentes "te hominem". En verdad más que acciones de gracias deberíamos elevar un profundo Kyrie Eleison, e implorar por misericordia y perdón: "QUÆSUMUS DOMINE DEUS, PROPTER NOSTRAS OFFENSAS NOLI NOS RELINQUERE!"

“Christus Vincit, Christus Regnat, Christus Imperat!”